Educación, que ningún niño quede fuera

 Fuente: Diario Libre 

Esta historia es parte del especial “La discapacidad, un mundo con barreras” de Diario Libre, realizado por Mayra Pérez, Laura Ortiz y Beatriz Bienzobas, con la firma invitada de la arquitecta Adis Ozuna, con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

 

A un año ya de la aparición del primer caso de COVID-19 el mundo ha tenido que reinventarse, la realidad tal y como la conocíamos se ha transformado, y sin lugar a duda las sociedades están poniendo a prueba su resiliencia para salir adelante, siendo el tema sanitario y el educativo los más desafiantes y que han demando mayores esfuerzo e inversión.

 

 

Esta situación también ha traído consigo como efecto colateral la aseveración de las desigualdades sociales en las que viven muchas personas en situación de vulnerabilidad, como es el caso de las personas con discapacidad de nuestro país, que representan más del 12% de la población, según el IX Censo Nacional de Población y Vivienda de 2010. Las personas con discapacidad pertenecen al quintil más pobre y con menor acceso a servicios, y en estos últimos meses han visto mermadas considerablemente su movilidad, el acceso a la salud, al trabajo y a la educación.

 

En el caso de la educación inclusiva, uno de los ámbitos sociales donde en el país se había visto un trabajo sistemático y sostenido durante varios años, logrando incluir a niños con discapacidad en la educación normalizada, vemos fruto de la pandemia que aún hay mucha incertidumbre sobre cuáles serán los resultados para este año escolar. Y lo que más preocupa es que, como parte de las medidas adoptadas por el Estado y el Ministerio de Educación, no fueran tomadas en cuenta las necesidades de esta población educativa a la par que con el resto de la educación inicial, básica y secundaria. Los centros que trabajan con niños y adolescentes con discapacidad han tenido que adaptarse e innovar de acuerdo con sus posibilidades. La entrega del personal administrativo y docente para salvar este año escolar y no dejar rezagados por completo a estos estudiantes ha sido determinante.

 

Si bien es cierto que, desde la dirección Educación Especial del MINERD, se está trabajando para identificar las necesidades del alumnado con discapacidad, prevalece la carencia de datos y que estas medidas no fueron adoptadas como parte del sistema educativo virtual y a distancia. Quiere decir que aún un gran porcentaje de los alumnos que viven con discapacidad en el país esperan a que se decidan y se determinen cuáles acciones serán implementadas para atender su educación.

 

La adaptación del año escolar ha traído consigo retos para toda la comunidad educativa, desde el ministerio de educación, los docentes, los materiales de trabajo, los diferentes sistemas de apoyo y, claro, el estudiantado. Sin embargo, gracias a los avances tecnológicos de nuestros tiempos podemos aspirar a sobrepasar la brecha que en otras ocasiones había sido imposible hacerlo.

 

Entre todas las modificaciones producidas, quizás la más significativa sea la articulación de la sociedad alrededor de los medios tecnológicos, fundamentalmente internet. La virtualidad y las modalidades a distancia, impulsadas por la pandemia actual, están trazando nuevas formas de comunicación, de establecer el conocimiento, de aproximarse a la información, de relacionarse, porque las ventajas y posibilidades que ofrece hacen que sea un instrumento que facilita y mejora las tareas en todos los ámbitos de nuestra vida, por la rapidez de comunicación e información que pone a nuestra disposición y por las seguridades que ofrece. La educación no ha quedado apartada de la evolución que están produciendo las nuevas tecnologías de la información y comunicación, y si recapacitamos sobre la riqueza que las tecnologías pueden aportar, veremos que su poder está en la universalidad. El acceso de todo el mundo con independencia de su discapacidad es un aspecto esencial.

 

Los avances de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) deben repercutir de igual modo en la educación, dando respuesta a las necesidades que en ella se están solicitando. Del mismo modo, consideramos que esta sociedad que tiene especial relevancia por aumentar las situaciones de aprendizaje, facilitando el acceso al conocimiento, no puede limitar la participación de ninguna persona independientemente del medio, equipo o programa usado y de si tiene o no alguna discapacidad, por ello habrá que trabajar en la eliminación de barreras. En todo ello reside la gran importancia de que internet y los medios de comunicación sean accesibles para que todos los usuarios puedan ser partícipes y beneficiarios de ella.

 

La educación inclusiva no debe tener un currículo diferente para los estudiantes con alguna discapacidad.

Los niños con limitaciones físicas pueden aprovechar al máximo esta nueva modalidad, ya que las barreras físicas, arquitectónicas y de movilidad han quedado disminuidas permitiéndoles acceder a la educación al igual que el resto de sus compañeros. El caso de niños con otro tipo de limitaciones y necesidades, la historia es otra. En el caso de niños con discapacidad visual, los equipos electrónicos sí necesitan adaptaciones, al igual que los cuadernillos de trabajo que deben estar en braille o digitales.

 

Los niños sordos, por su parte, necesitan también que sea tomada en cuenta la inclusión de la lengua de señas como parte de la oferta para el nuevo modelo de educación. Las clases deben incluir intérpretes de lengua de señas en cada caso y, por qué no, sería una oportunidad interesante para que desde el ministerio de educación se plantee la Lengua de Señas dominicana de manera masiva, ya que es importante este proceso de acompañamiento para los padres y el entorno familiar del niño.

 

Estamos lamentablemente evidenciando el fracaso de seguir pensando en la inclusión como un programa articulado, y no como parte integral del sistema educativo. Esta realidad no es única en República Dominicana, sino que en general, alrededor del 40% de los países de ingresos bajos y medianos bajos no han prestado apoyo durante la pandemia del COVID-19 a los alumnos en riesgo de quedar excluidos, como los que viven en zonas remotas, los pobres, las minorías lingüísticas y los alumnos con discapacidad, según datos del informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2020: inclusión y educación de la UNESCO.

 

Debemos plantearnos la tarea de que TODAS las personas puedan tener acceso a la revolución educativa, para que verdaderamente la sociedad del conocimiento se sustente en la participación de todos. Para alcanzar este objetivo entonces debemos entender y reflexionar en la diferencia sobre la igualdad de derechos contrastados con la equidad de condiciones para hacer valer estos derechos. El objetivo es que todos podamos hacer uso de los mismos espacios, productos y servicios, la misma educación, pero para esto deben estar tomadas en cuenta las necesidades de cada tipo de persona.

 

La crisis ha puesto a prueba nuestros avances reales en términos de inclusión, nos ha hecho cuestionarnos si muchas de las soluciones propuestas para atender las necesidades del colectivo de personas con discapacidad son proyectos aislados; o si se tratan realmente de una transformación más profunda donde hemos logrado entender la inclusión como elemento inherente de cada política pública.

 

El mayor reto, si queremos apostar por la inclusión, es abandonar la idea de que la inclusión es un tema para más tarde o cargo de un departamento. La inclusión debe formar parte de una agenda transversal en cada ministerio, que, como parte integral de cada solución propuesta, debe tener una visión inclusiva desde su concepción y deben haberse adoptado las medidas y ajustes de accesibilidad necesarios.

 

La educación inclusiva no debe planificarse para que exista un currículo diferente para los estudiantes con alguna discapacidad, sino que debe procurar un plan unificado de trabajo con las adaptaciones necesarias para que el mismo contenido llegue a todos los alumnos, independientemente de su condición. Y este enfoque inclusivo debe abordarse como parte de las diferentes etapas de la elaboración del plan de estudios: concepción previa, la elaboración, la puesta en marcha y la evaluación. Los estudiantes con discapacidad requieren apoyo tecnológico, apoyo de personal especializado y de mayor acompañamiento de sus familias de manera general. Estas necesidades deben equipararse desde el Estado para que podamos afirmar que hemos sido capaces de crear los mecanismos para lograr el 4to Objetivo de Desarrollo Sostenible, una Educación de Calidad para Todos.

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